viernes, mayo 05, 2006

El maestro Tapia

Cuando en mi casa había que realizar algún trabajo de reparaciones (techumbres, cañerías, etc.) o mejoras, llamaban al maestro Tapia. Mario Tapia es un tipo que actualmente debe rondar los 60 años o tal vez un poco más, flaco y relativamente alto, de apariencia casi idéntica a don Chuma. Lo conocimos hace muchos años, cuando al frente no había casa y él cuidaba el sitio, junto a su señora, doña Ena, y sus hijas, en ese tiempo unas niñas pequeñas. En aquel entonces no era raro verlo viajar en su bicicleta Cic, y en el trabajo, bien acompañado junto a Johnnie, su pastór alemán que llegó inesperadamente a sus manos el 11 de septiembre de 1973, y años más tarde, murió envenenado en circunstancias nunca alcaradas.
Tapia aprendió el oficio de albañil observando cómo trabajaba su jefe (un albañil), y desde entonces se gana la vida haciendo los típicos trabajos de mantención que siempre hay que hacer en una casa. Tapia y su familia siempre se caracterizaron por ser gente honrada y respetuosa, razón por la cual eran frecuentemente solicitados en el vecindario (Mario trabajando en construcción, y doña Ena cuidando adultos mayores).
Tapia en su juventud fue alcohólico, hasta que sufrió un colapso y el médico lo asustó de tal manera que no volvió a tomar una botella en su vida. Pero entonces lo agarró el vicio del cigarrillo, y fumaba como chimenea, encendiendo un cigarrillo tras otro, y abriendo una cajetilla tras otra, aún si estaba parado en un andamio, con una mano se sostenía y con la otra tomaba el pucho. Recuerdo perfectamente cuando era niño y Tapia cerró un balcón en mi casa, de haber visto el suelo totalmente cubierto por cajetillas vacías de cigarrillos Hilton (su marca favorita). Él siguió fumando hasta que le sobrevino otro colapso y no fumó más. Entonces adoptó la costumbre de masticar chicle. Ignoro si todavía la mantiene.
Como Tapia carecía de conocimientos teóricos, aprendió su oficio exclusivamente por el método de ensayo y error. Tenía iniciativa e inventaba soluciones, pero cometía numerosas chambonadas. Nosotros lo sabíamos, pero también sabíamos que cualquier otro maestro chasquilla sería igual o más chambón, y con la desventaja de no conocerlo.
Tapia gustaba de comprar y leer el diario (LUN), y de conversar cuando lo observábamos trabajar. En una ocasión, las últimas veces que lo contratamos, nos contó cómo conseguía disminuir el consumo eléctrico de los refrigeradores del negocio de su hija y yerno, desconectando el medidor de la luz durante algunos días y reconectándolo cuando se acercaba el día que pasaba la persona que lee los medidores. Él justificaba esta acción diciendo que la "compañía eléctrica tiene mucha plata", de modo que era tolerable un robo pequeño.
Finalmente dejamos de contratar sus servicios ya que había aumentado considerablemente sus honorarios y seguía cometiendo chambonadas.
Me pregunto qué será del maestro Tapia. Quizá todavía siga desconectando medidores...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué buenaaaa!!!

En todos lados hay un maestro chasquilla y de aquellos que tú muy bien describes...

Son buenos para la conversa, para fumar o tomar, típico!!!! y después aforran los medios precios!!!!, y sale el doble porque muchas veces hay que volver a hacer las cosas denuevo...en más de una oportunidad ha pasado en la casa...y sale peor!!! jajaja

Pero igual sacan de los apuros domésticos!!!!

Buenísima crónica, y cómo que no leía La Cuarta, jajajajajaja

Te dejo, me están besando, jajaja
saludos

tu Lectora

Hombre del Cintillo dijo...

Ay ay ay!
Reconozco k me perdi un poco de eso porque vengo de una familia ligada a esa industria. Aunque no hace mucho tuve una experiencia chasquilla, por obra y gracia de mi arrendataria.

El desgraciado me tuvo 2 dias sin ducha!

PS: Gracias Dani por esa vez que me prestaste la ducha. No sabes cuanto te lo agradezco.

FJ dijo...

Por suerte en mi casa hay más de una ducha, de modo que cuando ha habido reparaciones de baño, no ha sido tan dramático.
La cerámica del baño mío (del 2do piso) la instaló adivina quién... el maestro Tapia. Antes de poner la cerámica en el piso de la ducha, Tapia instaló el drenaje, y como para variar tenía que hacer chambonadas, cuando iba a poner la rejilla, se le soltó y se fue por el ducto. Años después (2004) tuvimos que llamar a gente competente para que rehiciera esa ducha, pues con el tiempo la rejilla acumuló mugre y fue obstruyendo el paso del agua...